
A pesar de la gran cantidad y singularidad de edificios que se construyeron en el primer tercio del siglo XX, solamente uno, el Palacio Müller, lleva el nombre de su autor: Ángel Casas, pero hay otros edificios que tienen algunos elementos que nos indican quienes fueron sus autores o los dueños de los mismos:
- Los números 12 y 27 fueron promovidos por la familia de Giménez Arévalo.
En el número 12 aparece un “putto” con un compás y herramientas masónicas, además de útiles de los obreros: yunque, pala y maza. Los putti (plural de putto, italiano para "niño") son figuras artísticas comunes en el Renacimiento y Barroco, representadas como niños pequeños desnudos y alados. Conocidos como angelotes, querubines o amorcillos, provienen del latín puttus (niño) y simbolizan amor (Cupido) o la presencia divina, derivando de la tradición clásica grecorromana. También aparece en la puerta un mascarón con la efigie de Giménez Arévalo, caracterizado por sus grandes bigotes. En el número 27 aparecen los símbolos masónicos de Giménez Arévalo.
- En la puerta del número 38, promovido por el D. Gregorio Fidel Fernández Osuna, están esculpidos una serie de objetos que representan a los miembros de la «Asociación la Obra», asociación obrera que era el contrapunto del «Círculo Católico de obreros»: hacha, pico, pala, compás, rastrillo, yunque y escuadra.
- En el número 40 los balcones inferiores están sostenidos por parejas de figuras humanas; si contamos, nos salen diez figuras; precisamente ese número 10 se correspondía con el número de hijos que tenía el propietario del edificio, el Doctor Fidel Fernández Osuna. Este hecho dio lugar a un pique con el Doctor Fermín Garrido, que vivía en un palacete en la Avenida de Andaluces construido por el arquitecto Giménez Lacal. Fermín Garrido le dijo al Doctor Fidel Fernández que había hecho un mal negocio en la Gran Vía ya que había construido un caserón que se iba a hundir y por eso había puesto a sus numerosos hijos a sujetar los balcones.
- En el número 46, si nos fijamos en la puerta, en la parte superior, aparece la efigie de dos personajes. Esas efigies son de los propietarios del edificio: D. Nicolás García Ruiz, Ingeniero y Terrateniente de Armilla, y de su mujer Dª. Angustias Alba. Estos señores también eran propietarios de los números 7 y 15. Una de sus hijas se casó con un alcalde de Granada.
- Los números 52 y 54 tienen esculpidas en alto relieves unas máscaras incaicas que nos indican que su propietario era «El Americano» o «El Indiano» Juan Jiménez Guerrero, que fue cónsul de Bolivia en Granada, título que heredó su hijo.
- En el número 43, en la parte alta, encontramos a unos niños jugando a constructores, símbolo masón.
Situado en calle Postigo de la Cuna. Entrada por calle Azacayas.
Hubo en Granada un pozo llamado Airón. A esta sima de origen antiquísimo (íbero o árabe) se le atribuía el poder de minorar la fuerza destructiva de los sismos al permitir que la tierra eructase por ella. Allí moraría el dios/demonio prerromano Airón, guardián de las aguas,
ríos y simas. En la etapa musulmana se cuidaron de mantenerlo abierto para que por él eructase la tierra, expulsara sus gases, y minimizar los terremotos. Hasta que los cristianos de principios del XVII comenzaron a cegarlo y se dispararon los temblores. Los terribles terremotos de 1778 abrieron un debate entre la sociedad granadina que, en su mayoría, se pronunciaba por abrirlo de nuevo e incluso horadar algunos más en la zona para calmar las fuerzas del inframundo.
Este lugar se anegaba regularmente con las escorrentías de la ladera del Zenete; esa fue la causa de que, en 1614, la ciudad decidiera drenarla con la construcción del Darro del Boquerón, que conducía las aguas directamente al boquete (o boquerón) abierto en la muralla a la altura de la puerta del mismo nombre (llamada Batrabayón en tiempo musulmán). Allí había un aljibe, pilar o azacaya para dar de beber a los animales cuando regresaban del campo, por lo cual tomó el nombre de Azacayas, entre la puerta del Boquerón y la calle Elvira. Fue cegado definitivamente con la construcción de la Gran Vía.
N.º 10, construido por el arquitecto Juan Jordana Montserrat, sobrino de Juan Montserrat y Vergés, demolido en 1973. Hoy, edificio Santa Lucía.
N.º 16, Casa de los Rodríguez-Acosta, obra de Juan Montserrat y Vergés, demolido para construir el Banco de Granada en 1973.
N.º 21, aquí se encontraba el Cine Olimpia, construido en 1920 por Matías Fernández-Figares, con fachada greco-romana y con capacidad para 1500 personas, según propaganda de la época, demolido en 1972. Hoy es el edificio Olimpia.
N.º 22, construido por Modesto Cendoya, reformado por Ángel Casas, demolido en 1980.
N.º 24, construido por Juan Montserrat y demolido en 1973.
N.º 25, construido por Juan Montserrat y demolido en 1980. Hoy es un hotel.
N.º 26, Construido por Francisco Giménez Arévalo para D. Juan José López-Rubio, presidente de la sociedad que financió la construcción de la Gran Vía. Demolido en 1972.
N.º 28, junto a la iglesia del Sagrado Corazón. Construido por Juan Montserrat, donde tuvo su sede el Círculo Católico de Obreros. Demolido en 1976.
N.º 42, construido por Juan Jordana Montserrat y demolido en 1970.
N.º 48, construido como sede sindical por Ángel Casas. Adquirido en 1973 por la Caja Rural para su sede central. Hoy es propiedad de la Universidad.
Además de los edificios que se demolieron, se permitió elevar la altura de los edificios, tanto de los nuevos que se construyeron como de los edificios antiguos.
- El Palacio de Cetti-Meriem o Casa de los Infantes en calle Cárcel Baja, 32 (derribado en 1895).
- La Casa de Diego de Siloé, junto al Palacio Cetti-Meriem (derribada en 1899).
- La Casa del Marqués de Falces.
- El Colegio de San Fernando (derribado en 1918), el Colegio Eclesiástico y la Casa de los Seises, anejos a la Catedral.
- El Convento del Santo Ángel Custodio en 1933.

Esta visita se realizó el domingo 22 de Febrero de 2026.
Hizo un tiempo estupendo y nos lo pasamos muy bien.
